Cómo dialogar sobre las inquietudes de nuestros hijos acerca de la sexualidad

Los momentos y situaciones más variadas pueden despertar la curiosidad de nuestros hijos y, por más aterrador que suene, recae generalmente en nosotros aclarar sus inquietudes. Hay ciertos temas, sin embargo, que aunque no surjan naturalmente de ellos mismos, nosotros como padres necesitamos abordarlos a fin de asegurarnos que la calidad de información que tengan sea la mejor. El más importante es la sexualidad.

Dependiendo de la edad de nuestros hijos, es distinta la aproximación que nos conviene tomar. Al principio será a través de las diferencias físicas y recién más adelante sobre el acto sexual y sus consecuencias. Es preciso tener en mente que la clave en cualquiera de esos momentos es la honestidad. Recorramos entonces las etapas de interés de nuestros hijos:
En un primer momento, la curiosidad surge de la autoexploración y la observación. Podemos elegir el momento del baño para enseñarle las partes de su cuerpo y sus nombres correctos, a fin de que las identifique de forma natural. Llegando a los 3 o 4 años de edad, a través de su socialización y rutina cotidiana, los niños comienzan a reconocer las diferencias de géneros. Surgen preguntas como “¿por qué mamá tiene busto y papá no?”. Las respuestas deben ser claras, y podemos servirnos de ejemplos en la naturaleza, mostrándole que en muchas especies los “varones” y las “nenas” son distintos. A medida que comience su escolaridad, las nenas son las que preguntarán más. Tratemos de responder sus dudas de forma clara, pero no ahondemos más de lo que se nos interroga. No vamos a describir el acto sexual tal cual es, sino basándolo en el amor de “mamá” y “papá”, que se demuestra en caricias y besos. Tengamos en mente que sus inquietudes radican más en las partes del cuerpo que en los actos posibles. Es útil repreguntar, por ejemplo, qué es lo que ellos creen, qué les parece lo que respondemos, y así estimular la conversación.



Cómo dialogar sobre las inquietudes de nuestros hijos acerca de la sexualidad

Durante la preadolescencia, aparece la información que obtienen ellos mismos, generalmente de sus pares. Es probable que lo que saben no sea del todo correcto y estén un poco confundidos. Y si bien la escuela suele dar charlas, no son suficientes. Nos toca a nosotros aprovechar oportunidades para sacar el tema: alguna noticia del noticiero, una escena de una película, un nacimiento cercano. Preguntémosles qué creen, ordenemos la información que ya tienen. Ya podemos hablar de embarazo, enfermedades y métodos anticonceptivos. Dejemos siempre la puerta abierta para futuras conversaciones, así, cuando ya atraviesen la adolescencia, ellos mismos se acercarán con dudas. Estimulemos diálogos abiertos sobre esta clase de temáticas para naturalizar la búsqueda de información.

Sepamos que mayor información no lleva a los jóvenes a un debut temprano. Los estudios hechos sobre el tema revelan que las charlas honestas entre padres e hijos resultan en un retraso del inicio de la actividad sexual y evitan las conductas de riesgo. La educación sexual fomenta la responsabilidad, además de estrechar los lazos de nuestra relación con nuestros hijos.

Por María del Mar





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