Anemia: la importancia del hierro durante el embarazo

Cuando estamos embarazadas pueden sucederse algunos desequilibrios en nuestra nutrición, debido a que lo que antes debía simplemente alcanzar para nosotras, ahora se reparte con nuestro bebé; y además, se diluye en la cantidad de sangre extra que nuestro organismo produce para gestar a nuestro hijo. Uno de los problemas a los que debemos prestar especial atención es la anemia, que se evita tomando la cantidad de hierro necesaria.

Todas las embarazadas corremos el riesgo de padecer anemia porque, como decíamos, de pronto necesitamos producir mucha más sangre de lo normal y el hierro es el combustible de esa producción. Sin embargo, existen algunos factores que propician la aparición de este cuadro: si hay vómitos muy frecuentes, si hemos tenido otros embarazos muy seguidos, si nuestra menstruación solía ser muy abundante, si usábamos DIU, y si estamos en edad adolescente.



Anemia: la importancia del hierro durante el embarazo

hierro y embarazoEl hierro es parte de la hemoglobina, que es la proteína que, en los glóbulos rojos, transporta el oxígeno tanto a los órganos de la mamá como al bebé. Una deficiencia en sus niveles puede disminuir la cantidad de oxígeno que llega a nuestro hijo y así provocar algún defecto en su crecimiento.

Ahora bien, hay tres etapas en el embarazo que alteran los niveles de hierro de la mamá. En un primer momento, el hierro “sobra” porque se detiene la menstruación y con ella las pérdidas de sangre. Luego comienza la producción extra de glóbulos rojos para nutrir la placenta y al bebé, hasta la semana 25, aproximadamente. Finalmente, durante el tercer trimestre, es el bebé quien absorbe el hierro. Es así que la necesidad de este mineral se eleva a cifras muy altas que no podemos completar con comidas, por lo que no es inusual que el médico nos aconseje tomar algún suplemento diario.

Los alimentos que contienen hierro son leches enriquecidas con sulfato ferroso; los pescados y mariscos (como mejillones, almejas, sardinas, calamar, pulpo, langostinos); las legumbres y cereales (garbanzos, lentejas, porotos, arroz y pan integral, soja); las verduras y frutas (acelga, espinaca, ajo, brócoli, perejil, remolacha, puerros, frutillas), las carnes rojas (especialmente de vaca y cordero); y los frutos secos o deshidratados. Según su origen, el hierro se clasifica como hémico y no hémico: el primero es de origen animal, y el segundo es vegetal. Para estimular una mejor absorción del hierro no hémico, es bueno consumir alimentos que contengan vitamina C.

Algunos signos de que carecemos de hierro son la hinchazón en los pies, mareos, cansancio, pulso acelerado, palidez y falta de apetito. Si notamos estas señales debemos acudir al médico.

Por María del Mar





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