Lactancia y sexualidad: ¿por qué la mujer no siente ganas?

Después del nacimiento de nuestro bebé, son muchos los cambios que una pareja experimenta. La llegada de un hijo causa una conmoción inmensa en un hogar, especialmente si es la primera vez. De pronto, una nueva persona exige atención casi constante, no estamos solos en la habitación, y el cuerpo de la mujer está recuperándose no sólo de un episodio muy intenso, sino de nueve meses de cambios.

Es usual que la mujeres no sintamos deseos sexuales los primeros tiempos luego del parto. Existen razones tanto químicas como psicológicas y físicas para esta situación. Por un lado, en el parto, las mujeres perdemos esa superpoblación de hormonas que coleccionamos a lo largo del embarazo y en oposición comienza a producirse una nueva hormona, llamada prolactina. La prolactina, como su nombre sugiere, es el estímulo endocrinológico de la producción de leche materna. Pero también esta hormona tiene un efecto opuesto al de la progesterona, la testosterona y el estrógeno: disminuye la libido y la fertilidad.



Lactancia y sexualidad: ¿por qué la mujer no siente ganas?

Por otro lado, decíamos, se suman sensaciones de la mujer que pueden interferir en nuestro deseo sexual. Dependiendo de cómo haya sido nuestra experiencia durante el parto, la nueva mamá puede experimentar una sensación de enajenación de su cuerpo. Si el parto fue realizado mecánicamente, con rutinas médicas y sin escuchar demasiado sus opiniones, podemos perder la confianza en nuestro cuerpo o experimentar sentimientos de frustración. Se suma a esto que si sufrimos mucho dolor, puede costarnos volver a considerar el contacto con la zona genital como capaz de brindarnos placer. Además, se suma el aspecto visual ya no de embarazo, sino con los remanentes de los nueve meses de gestación. Podemos tardar en recuperar la confianza y seguridad sobre nuestra femeneidad.

Finalmente, infiere el estado físico de la zona genital. Si hemos tenido un parto normal y si además nos han realizado episotomía, no podemos mantener relaciones sexuales con penetración muy pronto, porque los puntos deben sanar y la zona estará dolorida. Se suma a esto que nuestro estado hormonal es similar al de la menopausia, lo cual implica que no siempre generamos la lubricación necesaria, aumenta la incomodidad.

Entonces, la ecuación de carencia de hormonas, más vulnerabilidad por la experiencia del parto, el puerperio, más el tiempo necesario para la recuperación del cuerpo, resultan en una pérdida del deseo sexual. Pero esto no es nada definitivo. Para empezar, la prolactina deja de producirse en cuanto la producción de leche toma ritmo y se reproduce simplemente por la succión y vaciado frecuente. El cuerpo sana, y con él, el humor mejora. A este punto ya habremos recuperado una mínima rutina de descanso y nos habremos adaptado a la nueva personita en casa. Cada una nos daremos cuenta de cuando estamos listas.

La clave para pasar este período de transición es la comunicación: hablemos de nuestros temores, nuestras sensaciones y tengamos en mente que hay otras formas de alimentar la pareja y disfrutar del contacto físico que no incluyen, por ejemplo, la penetración. Exploremos las alternativas avanzando juntos en esta etapa tan hermosa que es el inicio de una familia.

Imagen: mujer-global.com
Por María del Mar





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