Los antojos: saciando necesidades del cuerpo que cambia

Durante mucho tiempo las mujeres hemos sufrido la acusación de “caprichosas” a la hora de anunciar un antojo. Y si bien es cierto que esas ganas intensas de comer (o hacer) algo se dan en cualquier momento de la vida, durante el embarazo es cuando su aparición es menos arbitraria que nunca.

Cuando nuestro cuerpo aloja a una criatura, el cambio necesario no es únicamente hormonal; sino que hay que considerar que todos lo que ingerimos debe satisfacernos y nutrirnos a nosotras y a nuestro bebé también. Entonces, en los pimeros meses, suelen sufrirse pequeñas carencias – por ejemplo de electrolitos, vitaminas u oligoelementos como el zinc, manganeso o molibdeno. Es en esas situaciones que de pronto sentimos necesidad de comer cierta cosa en particular: el cuerpo nos indica qué debemos hacer para equilibrar nuestra nutrición y la de nuestro bebé.



Los antojos: saciando necesidades del cuerpo que cambia

AntojoA medida que el embarazo avanza nuestro bebé come las 24 del día. Para evitar que sienta la sensación de estómago vacío, el cuerpo requiere –aproximadamente cada dos horas- que ingrese alimento. Y en caso de que no suceda, vuelve a estimularnos con antojos o hambre a cualquier hora.

Pero… ¿por qué se nos antoja lo dulce? Está comprobado que la insulina es la hormona que mejor ayuda al crecimiento del bebé durante el embarazo: necesitamos, por consiguiente, ingresar glucosa al cuerpo para que éste produzca más insulina. Es por esto que la mayoría de los antojos son de dulces o carbohidratos.

En último término, es importante observar la faceta psicológica del antojo. La etapa del embarazo es un momento muy especial para la mujer: su físico cambia a mucha velocidad y sus hormonas la sensibilizan más de lo usual. A esto se suman las preocupaciones e inquietudes típicas de la espera a la llegada de un hijo: ¿cómo será el parto?, ¿será nena o varón?, ¿habrá alguna complicación? Muchas veces, inconcientemente necesitamos más compañía o cariño de lo usual y esto tambien se traduce en antojos. Por ejemplo, cuando de pronto queremos comida casera de mamá. También, quizás percibamos que nuestra pareja no le está dando la importancia necesaria a nuestra panza, y entonces surgen ganas de comer algo que tiene que salir a conseguir a un horario extraño o no muy cerca: verá así que el embarazo requiere cuidados y atenciones de los dos.

Entonces, cuando sintamos estas ganas aparentemente repentinas, no las descartemos. Nuestro cuerpo y la naturaleza saben mejor que nadie cómo acompañarnos mientras gestamos a nuestro hijo. Siempre y cuando no estemos en riesgo de tener un problema de peso, entreguémonos al antojo sin culpas.

Fuente: aupec.univalle.edu.co

Por María del Mar





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