Comienza la alimentación del bebé: qué, cuánto y cómo

Durante los primeros seis meses de vida, la alimentación del bebé debe ser simple y únicamente la leche materna –o, en caso de que por alguna causa la madre no pueda amamantarlo, la leche de fórmula (que es leche de vaca enriquecida). Pero una vez que nuestro hijo o hija cumplen el medio año de vida, es hora de comenzar a incorporar alimentos e iniciar el hábito de la alimentación sólida. Esta es una tarea que debemos realizar conciente y cuidadosamente, ya que los gustos y el apetito se establecerán en este momento, y depende de nosotros como padres el desarrollarlos sanamente, para no crear apetitos excesivos o preferencias inadecuadas.

Las primeras papillas deben ser de verduras (papas, zanahorias, zapallo) o de cereales (que pueden estar precocidos), y de frutas naturales o en compota (manzana, banana, pera). Para alimentarlo, tenemos que elegir un momento en el tanto nosotras como el bebé podamos relajarnos, y que pueda ser todos los días a la misma hora. Sepamos que el bebé tomará como un juego todo el asunto y quizás no coma la mayor parte de lo que le demos, pero igualmente es importante hacerlo cada día para crear la costumbre. La comida debe ser una papilla tibia (que no sea muy líquida ni muy seca, lo mejor es pisarla con tenedor) y un postre (que será la fruta), y debemos acompañarla con agua. La cantidad adecuada será aproximadamente 175 gramos, o ¾ de taza de té, pero no debemos obligarlo a comer cuando no quiere. Cada alimento será agregado por separado, para observar la tolerancia y el gusto del bebé.



Comienza la alimentación del bebé: qué, cuánto y cómo

A los 7 meses agregaremos la carne, bien cocida y cortada en pedazos bien pequeños para evitar que el bebé se atragante; las verduras de hoja vede; polenta y sémola. Sólo vamos a agregarle sal a los alimentos que sin ella no tiene gusto, como la polenta, y siempre una pizca muy pequeña. Podemos también sumar flanes o postrecitos, hechos por nosotras o comprados, para reemplazar la fruta. Debemos elegir productos para bebés, y, al igual que con la sal, no abusaremos del azúcar. A los 8 meses sumamos otra comida: si habíamos empezado al mediodía, inauguraremos la cena o viceversa. De aquí en adelante iremos sumando el resto de los alimentos.

Los errores más comunes que se cometen durante esta etapa tienen que ver con no respetar lo que un bebé puede y no puede comer. No debemos darles dulces ni cosas muy saladas, porque pueden derivar en obesidad. En los bebés, el exceso de peso se traduce, en primer lugar, en un retraso motor; pero el problema más grande es que es definitorio para el resto de la vida. Es importante que respetemos los tiempos de adaptación a la comida del bebé y que no sobrealimentemos, para evitar futuros trastornos de apetito o de peso. Como dijimos, durante la creación del hábito es que se establecen los gustos y el tamaño del apetito. Debemos tener presente que no siempre que llora, es porque tiene hambre; y que no importa si come mucho un día y muy poco otro: para él o ella, todo empieza como un juego y hay que dejarlo que se familiarice con todo el ritual.

Por María del Mar





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